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A medida que se alarga la situación de pandemia en la que seguimos inmersos las probabilidades de desarrollar cuadros de ansiedad o depresión va aumentando significativamente para toda la población general. Consecuentemente, para todos aquellos pacientes que ya sufrían problemas en su salud mental, el confinamiento derivado de la crisis del coronavirus,  agudizó su sintomatología.

En primero lugar lo que más nos ha preocupado, y nos sigue preocupando, es el estado de salud propio así como el de nuestros seres queridos. El miedo al contagio y la auto observación constante para comprobar si tenemos síntomas y/o el chequeo de nuestra familia para asegurarnos que todos están bien supone una fuente de estrés y desasosiego. Este miedo es aún mayor en relación a aquellos seres queridos que están en una situación de mayor vulnerabilidad debido a la gran cantidad de decesos que está habiendo en este sector de la población.

Por otro lado, muchas son las familias que están tratando de conciliar la vida familiar y la vida laboral en el mismo escenario, su hogar. La multitarea, la necesidad de atender a menores y/o a mayores a cargo, la falta de disponibilidad del ocio o tiempo para uno mismo, el hacinamiento,… son factores que propician la aparición de síntomas de ansiedad y estrés asociados a esta pandemia . Por el contrario, otras familias han perdido su empleo o están percibiendo la amenaza de perderlo lo que conlleva una pérdida de seguridad importante.

La incertidumbre y el miedo son los elementos que más influyen en la aparición y mantenimiento de los cuadros de ansiedad, “¿podré recuperar mi puesto de trabajo?”, ¿hasta cuándo tendremos que permanecer así, ¿cómo será de larga esta “nueva” normalidad ?”, “¿cómo nos va a afectar la crisis que parece que se avecina?”,… muchos interrogantes que condicionan la vida de las personas y para los que no se tiene respuesta. En este sentido, algunas pequeñas acciones que nos pueden ayudar a sobrellevar estas circunstancias son estar muy centrados en el aquí y ahora, esto es vivir el presente evitando en la medida de lo posible no anticipar el futuro. Mantener una estructura del día tratando de conservar los mismos hábitos, es decir, cuidar los horarios, seguir las mismas actividades, manteniendo unas rutinas ayuda a estar más sosegados. Salir a realizar actividad física (paseos, bici, correr,…) oxigena nuestro cerebro y nos ayuda a renovar energías. Buscar y promover pequeños espacios donde tener momentos placenteros ayuda a compensar las vicisitudes del día. Asimismo, si conseguimos añadir alguna dosis de humor mantendrá el miedo a raya.

Este largo tiempo de pandemia también conlleva no poder ver a nuestros seres queridos y no saber, cuándo ni cómo, lo podremos hacer. Este distanciamiento afectivo también contribuye a la aparición de estados depresivos. Asimismo, todos aquellos que están viviendo este tiempo en soledad está haciendo más difícil de gestionar la tristeza por la sensación de estar excluido en el mundo y también debido a la falta de apoyo cercano.

La desesperanza es el factor más determinante para la aparición de cuadros depresivos y en la pandemia está surgiendo con mucha fuerza. Frente a esto, hoy día más que nunca, tenemos que aprovechar la oportunidad que nos brinda la posibilidad de conexión con los demás a través de las tecnologías y poder buscar ciertos espacios de ocio y de oxigenación mental.

Reconocer los sentimientos que este tiempo nos está produciendo y validarlos como algo que nos ayuda de alguna forma a adaptarnos a esta situación hará que se pueda afrontar de un modo más adecuado. No obstante, en algunos casos las consecuencias de esta pandemia nos pueden desbordar emocionalmente y no sentirnos capaces de manejarlo por nosotros mismos. En ese caso lo mejor es pedir ayuda profesional. Es cierto que la demanda de atención psicológica ha aumentado, aspecto completamente comprensible dada la magnitud de la pandemia, el tiempo que se alarga y los efectos que está teniendo en todos nosotros.

Hace más 20 años empecé a acompañar a personas que han sufrido y siguen sufriendo. Me licencié en Psicología y he realizado diferentes Máster relacionados con la práctica clínica, las relaciones familiares y el Trastorno Límite de Personalidad. Mi trabajo ha sido la atención psicoterapeutica en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, en diferentes Organizaciones y Fundaciones y en la consulta privada. En estos años he trabajado con traumas en la infancia y en la vida adulta, relaciones de dependencia, duelos, depresión, ansiedad que impiden que la persona pueda ser protagonista de su vida y no una mera marioneta de sí mismo y de los demás. Todo lo vivido, si no se analiza y reflexiona, se vuelve un acumulador de experiencias negativas que nos hace enfermar a nivel mental y nos afecta en la identidad, autoestima e integridad personal. En nuestro Centro Sanitario realizamos terapia individual, de pareja y familiar desde una integración de modelos como es el Cognitivo Conductual, Psicodinámico, Sistémico y EMDR.

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